Escribo desde el porche de la sede, aprovechando que tenemos unos minutos de Internet. Está atardeciendo y el cielo, que se ha vestido con sus mejores colores y el viento que sopla suave, me están regalando un ratito de tregua, después del calor y el ritmo loco del día.
De BSO, un cd de Roy Orbison que tienen mis compañeros en el iPod: Anything you want, you´ve got it... frase que podría resumir cuánto nos facilita la vida la tecnología, más en este medio. A veces pienso en las misiones de emergencia que han llevado a cabo otros compañeros y compañeras hace 10 años y lo diferente que habrá sido, en todos los sentidos.
Esta mañana, en la Maternidad nos preguntábamos porqué estábamos recibiendo tan pocas señoras y es que, al parecer, se están desplazando hasta el hospital de Leogane, al pensar que aún funciona este servicio, que en realidad está cerrado.
Esta noche pasaremos el mensaje en la radio y en cuanto nos den un hueco, Judette, nuestra médica haitiana, comentará esto y otros aspectos educativos sobre salud sexual y reproductiva, como hiciera con Seba las últimas semanas. Aquí todo el mundo escucha la radio. Llevan unas pequeñitas que recargan manualmente dándole a la manivela.
Acaban de llegar nuestros psico-logistas y nuestro administrador, que hoy trabajaron en Puerto Príncipe. A los primeros, como les hemos encargado gestiones y compras caseras, ya les hemos cambiado el cargo. Entre atasco y reunión han podido ir a por provisiones de cosillas básicas, que aquí, en el pueblo con mar, no encontramos, así que su llegada ha sido muy bien recibida. Vamos, que no nos hemos interesado por cómo les fue el día, si no directamente que lograron comprar ;). ¡Mariluz, ya vamos acabando con lo que tú enviaste!
El sábado pasado, con la llegada de Marina, nuestra nueva enfermera, llego parte de nuestro kit ocio, el cual esperamos ir completando poco a poco. Se trataba de unas cartas y un set de ping-pong, que, por supuesto, ya colocamos sobre la mesa de comer y peloteamos un poco. También tenemos una minipiscina infantil que Ruth, nuestra pediatra polivalente, trajo del Promese, el almacén central de medicamentos y materiales sanitarios. Sí, nosotros también nos preguntamos qué hacía ahí. ¿Sería para promover el parto natural en el agua, como dice Magüé, nuestro coordinador médico? En fin, cosas raras que una se encuentra en terreno.
Bueno y hasta aquí estas líneas. Internet mediante, mañana más.
martes, 23 de marzo de 2010
lunes, 22 de marzo de 2010
Haití amanece
Hoy, firma invitada.
Le cedemos un espacio a Teresa, psicóloga del equipo, que desea compartir estas impresiones.
"5:00 de la mañana, todavía no clarea y los haitianos y haitianas ya se afanan en su aseo personal. Cantan miles de gallos, ladran cientos de perros y poco a poco, a medida que el sol le levanta, comienzan a llegar cánticos provenientes de una iglesia evangélica cercana, cuyo primer servicio comienza a las 7 y dura hasta las 10:30. Las vecinas también cantan, muy bien por cierto, mientras trajinan en el jardín.
La vida comienza temprano en Haití.
Hoy es domingo y por delante de la puerta de la casa de Médicos del Mundo pasa la gente con ropa de domingo, de un blanco radiante. Van al servicio religioso o a misa. La actividad principal del sábado o del domingo, dependiendo del culto, es participar en un acto religioso, porque la población haitiana es creyente, muy creyente.
La noche anterior también se escuchaba música. Haití es mayoritariamente joven y los viernes y sábados por la noche la gente se reúne para bailar compa, el ritmo preferido, una música que recuerda a la salsa, a la cumbia, a la guaracha, pero que no es ninguna de ellas, y siempre más suave, como las personas aquí. En las calles se ven parejas jóvenes, adolescentes, en medio de un revoloteo de sonrisas, miradas y deseos. La vida, con toda su fuerza.
Ayer pasamos por el hospital para acompañar a una compañera médica. Un muchacho de no más de 13 años salía acompañado de un joven, apoyado en sus muletas; un pie amputado. Duele pensar en ese chico, para el que las dos actividades favoritas de los chavales haitianos estarán vedadas: el fútbol y el baile.
Otro compañero nos pide que hablemos con un chico que le acompaña. Dice que está mal y que le vendría bien hablar con alguno de lo psicólogos. Le pido que nos enseñe el pueblo, y mientras nos va diciendo qué era cada edificio derruido, sin prisa pero sin pausa, y con mucho tacto, le pregunto. Su hermano, un año menor que él, 16 años, ha muerto mientras estaba en clase de piano. Era el músico de la familia. Dice que su madre no sale de casa y llora continuamente. Él tiene dificultad para respirar. Otro de sus amigos también ha perdido a un hermano, pero entre ellos no hablan de lo sucedido ni del dolor que sienten. Por pudor o por respeto. O porque la gente de este país se traga el dolor desde que, hace siglos, fue arrancada brutalmente de sus lugares de origen en los territorios del África occidental para ser esclavizada y explotada en las grandes plantaciones coloniales.
Le explico que lo que le sucede es normal, que no está enfermo, que está sufriendo y que le convendría expresar el dolor. En un cruce de calles, mientras algunas personas que pasan nos miran con curiosidad, estrechamos nuestras manos en silencio".
Le cedemos un espacio a Teresa, psicóloga del equipo, que desea compartir estas impresiones.
"5:00 de la mañana, todavía no clarea y los haitianos y haitianas ya se afanan en su aseo personal. Cantan miles de gallos, ladran cientos de perros y poco a poco, a medida que el sol le levanta, comienzan a llegar cánticos provenientes de una iglesia evangélica cercana, cuyo primer servicio comienza a las 7 y dura hasta las 10:30. Las vecinas también cantan, muy bien por cierto, mientras trajinan en el jardín.
La vida comienza temprano en Haití.
Hoy es domingo y por delante de la puerta de la casa de Médicos del Mundo pasa la gente con ropa de domingo, de un blanco radiante. Van al servicio religioso o a misa. La actividad principal del sábado o del domingo, dependiendo del culto, es participar en un acto religioso, porque la población haitiana es creyente, muy creyente.
La noche anterior también se escuchaba música. Haití es mayoritariamente joven y los viernes y sábados por la noche la gente se reúne para bailar compa, el ritmo preferido, una música que recuerda a la salsa, a la cumbia, a la guaracha, pero que no es ninguna de ellas, y siempre más suave, como las personas aquí. En las calles se ven parejas jóvenes, adolescentes, en medio de un revoloteo de sonrisas, miradas y deseos. La vida, con toda su fuerza.
Ayer pasamos por el hospital para acompañar a una compañera médica. Un muchacho de no más de 13 años salía acompañado de un joven, apoyado en sus muletas; un pie amputado. Duele pensar en ese chico, para el que las dos actividades favoritas de los chavales haitianos estarán vedadas: el fútbol y el baile.
Otro compañero nos pide que hablemos con un chico que le acompaña. Dice que está mal y que le vendría bien hablar con alguno de lo psicólogos. Le pido que nos enseñe el pueblo, y mientras nos va diciendo qué era cada edificio derruido, sin prisa pero sin pausa, y con mucho tacto, le pregunto. Su hermano, un año menor que él, 16 años, ha muerto mientras estaba en clase de piano. Era el músico de la familia. Dice que su madre no sale de casa y llora continuamente. Él tiene dificultad para respirar. Otro de sus amigos también ha perdido a un hermano, pero entre ellos no hablan de lo sucedido ni del dolor que sienten. Por pudor o por respeto. O porque la gente de este país se traga el dolor desde que, hace siglos, fue arrancada brutalmente de sus lugares de origen en los territorios del África occidental para ser esclavizada y explotada en las grandes plantaciones coloniales.
Le explico que lo que le sucede es normal, que no está enfermo, que está sufriendo y que le convendría expresar el dolor. En un cruce de calles, mientras algunas personas que pasan nos miran con curiosidad, estrechamos nuestras manos en silencio".
jueves, 18 de marzo de 2010
Mapa de los sonidos de Haití
Para los haitianos y haitianas, la casa fue la primera de una larga lista de pérdidas. A ella le siguieron familiares y seres queridos, autonomía e independencia, en muchos otros casos... Me resulta difícil imaginar la reconstrucción de un país en el que el caos es lo normal y el desastre lo convierte en un escenario catastrófico, de magnitud inconmensurable.
Un gran reto en esta fase de nuestro trabajo supone el hacer participe a las autoridades sanitarias locales, compartir la toma de decisiones, pues debemos hacer que ocupen su lugar, y no hablamos de espacio físico. Hemos comentado varias veces que partíamos de la base de un sistema de salud débil, ya previo al terremoto, así que la tarea no será sencilla.
Parece que hubiese estado fuera de aquí mucho más de los 10 días que he estado. La banda sonora de la bienvenida corre a cargo de “los motores” (de helicópteros, coches, motos y generadores eléctricos) y el volver a dormir en mi caseta verde con mi saco, debajo de los árboles de atrás, es casi como el reencuentro con mi espacio personal dentro de esta vorágine. En él leo un rato o escucho música antes de dormir y me despierto con la salida del sol, amenizada por los gallos y los cánticos religiosos de las vecinas. Sí, además de alturas esto va de sonidos. Otro muy peculiar es la mezcla de lenguas y acentos en los lugares de trabajo de las ONG, inglés, francés, castellano, creole...
De camino a Petit Goave comentaba con Magalie Vairetto, mi compañera logista, cuánto le llaman la atención las frases de las coloridas guaguas, pura filosofía muchas veces. “Debes pasar por el pasillo del fracaso para llegar al salón del éxito”
Ayer, después de varias horas de amenaza de truenos y relámpagos, empezó a llover y lo hizo con mucha intensidad hasta bien entrada la noche, lo cual ha tenido sus consecuencias para todas las personas que viven en la calle y en regiones como Les Cayes ha habido corrimientos de tierra.
El regreso me hace recordar el videoclip Lovers in Japan, de Coldplay, cuando se ven a sí mismos en una tele, cuya imagen a su vez se ve proyectada en otra.... Es frecuente escuchar a cooperantes que dicen “en mi vida normal esto, en mi vida normal lo otro...”. Es como si al venir a terreno atravesásemos un telón y entrásemos en otra esfera que nada que tiene que ver con la nuestra. No hablo de metafísica ni de viajes astrales ayudados por el avión de Iberia ;) si no de la sensación permanente de estar en un mundo y una vida completamente distintos. Otro escenario, otro color, otro rol, pero la reflexión continua a la que nos arroja esta creciente e injusta desigualdad.
Un gran reto en esta fase de nuestro trabajo supone el hacer participe a las autoridades sanitarias locales, compartir la toma de decisiones, pues debemos hacer que ocupen su lugar, y no hablamos de espacio físico. Hemos comentado varias veces que partíamos de la base de un sistema de salud débil, ya previo al terremoto, así que la tarea no será sencilla.
Parece que hubiese estado fuera de aquí mucho más de los 10 días que he estado. La banda sonora de la bienvenida corre a cargo de “los motores” (de helicópteros, coches, motos y generadores eléctricos) y el volver a dormir en mi caseta verde con mi saco, debajo de los árboles de atrás, es casi como el reencuentro con mi espacio personal dentro de esta vorágine. En él leo un rato o escucho música antes de dormir y me despierto con la salida del sol, amenizada por los gallos y los cánticos religiosos de las vecinas. Sí, además de alturas esto va de sonidos. Otro muy peculiar es la mezcla de lenguas y acentos en los lugares de trabajo de las ONG, inglés, francés, castellano, creole...
De camino a Petit Goave comentaba con Magalie Vairetto, mi compañera logista, cuánto le llaman la atención las frases de las coloridas guaguas, pura filosofía muchas veces. “Debes pasar por el pasillo del fracaso para llegar al salón del éxito”
Ayer, después de varias horas de amenaza de truenos y relámpagos, empezó a llover y lo hizo con mucha intensidad hasta bien entrada la noche, lo cual ha tenido sus consecuencias para todas las personas que viven en la calle y en regiones como Les Cayes ha habido corrimientos de tierra.
El regreso me hace recordar el videoclip Lovers in Japan, de Coldplay, cuando se ven a sí mismos en una tele, cuya imagen a su vez se ve proyectada en otra.... Es frecuente escuchar a cooperantes que dicen “en mi vida normal esto, en mi vida normal lo otro...”. Es como si al venir a terreno atravesásemos un telón y entrásemos en otra esfera que nada que tiene que ver con la nuestra. No hablo de metafísica ni de viajes astrales ayudados por el avión de Iberia ;) si no de la sensación permanente de estar en un mundo y una vida completamente distintos. Otro escenario, otro color, otro rol, pero la reflexión continua a la que nos arroja esta creciente e injusta desigualdad.
martes, 16 de marzo de 2010
Primer nacimiento
Ya inauguramos la maternidad. Ayer por la tarde tuvimos el primer parto. Nació una niña, que para nosotros representa el nacimiento del servicio también, así que el cortar su cordón umbilical ha sido como cortar la típica cinta de inauguración de edificios.
El subidón nos duró poco, pues 10 minutos después estábamos atendiendo a un chico de 20 años que llegó en parada respiratoria y al que no logramos reanimar... Luego otros tres chicos, de una pelea y un accidente de moto....
A la vuelta hablaba con uno de ellos y me dio por comparar la visión de la situación entre un militar y un humanitario, como dirían los manuales que estudiamos en los máster de cooperació y ayuda humanitaria.
El subidón nos duró poco, pues 10 minutos después estábamos atendiendo a un chico de 20 años que llegó en parada respiratoria y al que no logramos reanimar... Luego otros tres chicos, de una pelea y un accidente de moto....
Hospital de Petit Goâve,
destruido por el seismo,
cuya Maternidad estamos poniendo en marcha.
FOTO: Magalie Vairetto.
Con la compañera Ruth,
en la Maternidad.
FOTO: Magalie Vairetto.
Estuve en el buque de la marina española, porque acompañé a un compañero que anoche se cayó y se lesionó el hombro. Queríamos que le viese el traumatólogo y le hiciese una radiografía para quedarnos tranquilos.destruido por el seismo,
cuya Maternidad estamos poniendo en marcha.
FOTO: Magalie Vairetto.
Con la compañera Ruth,en la Maternidad.
FOTO: Magalie Vairetto.
A la vuelta hablaba con uno de ellos y me dio por comparar la visión de la situación entre un militar y un humanitario, como dirían los manuales que estudiamos en los máster de cooperació y ayuda humanitaria.
jueves, 11 de marzo de 2010
Ruidos, mosquitos... y un gran equipo
Dormir se está convirtiendo en un reto más del día... bueno, de la noche. De madrugada comienzan los paliques del líder religioso de aquí al lado, que empiezan por ser palabras que se introducen en tus sueños, pero que acaban por violentarte y sacarte de la tienda antes de lo que quisieras, pues va aumentando de tono y volumen hasta llegar a convertirse en gritos repetidos a modo de éxtasis. Todo esto, acompañado del gallo desorientado del vecino, que te sorprende con su kikirikí a cualquier hora del día o la noche. Seba dice que si tuviera que dibujarlo lo representaría como a un gallo borracho y deambulante ;). Joseph, una de las enfermeras del equipo local que también duerme en una tienda aquí atrás, dice que todos los gallos de Haití son así (¿?).
Ella también nos sorprende con sus cantos continuamente. Le encantan las canciones de corte religioso y también otras dulces tipo Mariah Carey o Celine Dion. Esta semana pasa todo su tiempo libre estudiando, porque se examina del carné de conducir y me llamaba la atención verla con el típico tema de las señales ¡Pero si aquí no hay ni una!
El domingo de camino a Gressier, donde pasamos unas horas de descanso con los compañeros de MdM Francia, hablábamos de cuántos hermanos tenemos y cuántos hijos queríamos tener y desde luego... parecía que estábamos en roles equivocados: ella es hija única y en mi casa somos 7.
Ahora mismo son las 22h y acabo de terminar la jornada. Aquí estoy en el espacio que acondicionamos como oficina-farmacia, compartiendo mesa con Seba, que estuvo en la radio hablando con motivo del 8 de marzo. Fue con Judette, nuestra médica, que es una gran persona y una gran profesional. Estamos tratando de aportarle conocimientos y experiencias, pues vemos que tiene mucho potencial.
También están Magüé, Ruth y Miguel, de vuelta, enrolados en sus tareas. Es increíble esto de trabajar en terreno. A pesar de que llevo unos 5 años en esto, el no separar trabajo de convivencia y espacio personal siempre sorprende cuando te paras a pensarlo. Cierto es que los sanitarios y sanitarias estamos acostumbrados a pasar muchas horas juntos por aquello de las guardias, pero esto traspasa las fronteras. Aquí estamos escuchando la música que uno pone, tomando lo que otro trajo de beber, compartiendo un poco de repelente, pues desde que hemos puesto unos fluorescentes para mejorar la iluminación de la sala, los mosquitos hacen su agosto...
En un rato, a dormir y hasta por la mañana, que desayunamos casi que por tandas, según nos vamos despertando, y arrancamos el día.
A veces pienso que soy muy afortunada, pues no tuve conflictos con todas las personas con las que trabajé en este tiempo y a todos recuerdo con cariño ¡y han sido un montón!
Ella también nos sorprende con sus cantos continuamente. Le encantan las canciones de corte religioso y también otras dulces tipo Mariah Carey o Celine Dion. Esta semana pasa todo su tiempo libre estudiando, porque se examina del carné de conducir y me llamaba la atención verla con el típico tema de las señales ¡Pero si aquí no hay ni una!
El domingo de camino a Gressier, donde pasamos unas horas de descanso con los compañeros de MdM Francia, hablábamos de cuántos hermanos tenemos y cuántos hijos queríamos tener y desde luego... parecía que estábamos en roles equivocados: ella es hija única y en mi casa somos 7.
Ahora mismo son las 22h y acabo de terminar la jornada. Aquí estoy en el espacio que acondicionamos como oficina-farmacia, compartiendo mesa con Seba, que estuvo en la radio hablando con motivo del 8 de marzo. Fue con Judette, nuestra médica, que es una gran persona y una gran profesional. Estamos tratando de aportarle conocimientos y experiencias, pues vemos que tiene mucho potencial.
También están Magüé, Ruth y Miguel, de vuelta, enrolados en sus tareas. Es increíble esto de trabajar en terreno. A pesar de que llevo unos 5 años en esto, el no separar trabajo de convivencia y espacio personal siempre sorprende cuando te paras a pensarlo. Cierto es que los sanitarios y sanitarias estamos acostumbrados a pasar muchas horas juntos por aquello de las guardias, pero esto traspasa las fronteras. Aquí estamos escuchando la música que uno pone, tomando lo que otro trajo de beber, compartiendo un poco de repelente, pues desde que hemos puesto unos fluorescentes para mejorar la iluminación de la sala, los mosquitos hacen su agosto...
En un rato, a dormir y hasta por la mañana, que desayunamos casi que por tandas, según nos vamos despertando, y arrancamos el día.
A veces pienso que soy muy afortunada, pues no tuve conflictos con todas las personas con las que trabajé en este tiempo y a todos recuerdo con cariño ¡y han sido un montón!
miércoles, 10 de marzo de 2010
De regreso
Vuelvo a Haití, como coordinadora médica del equipo de Médicos del Mundo que planifica ya proyectos a medio plazo para que el país vaya recuperándose.
Mi puesto estará a caballo entre Puerto Príncipe y Petit Goave. Antes de partir hacia el país caribeño, dónde ya estuve en las primeras cuatro semanas tras el seísmo, me hicieron está entrevista en la que repasamos las perspectivas de la intervención para los próximos meses y recordamos la situación en la primera fase de la emergencia.
Más vídeos de Médicos del Mundo en nuestro canal de Youtube.
Mi puesto estará a caballo entre Puerto Príncipe y Petit Goave. Antes de partir hacia el país caribeño, dónde ya estuve en las primeras cuatro semanas tras el seísmo, me hicieron está entrevista en la que repasamos las perspectivas de la intervención para los próximos meses y recordamos la situación en la primera fase de la emergencia.
Más vídeos de Médicos del Mundo en nuestro canal de Youtube.
miércoles, 10 de febrero de 2010
Hasta luego, Haití
Cuando leáis estas líneas ya estaré camino de Santo Domingo, en un vuelo de Naciones Unidas para regresar a España tras cuatro semanas en Haití.
Los últimos días, el acceso a Internet no ha sido muy regular en la zona en la que estamos trabajando ahora. Desde hace unos diez días los equipos de Médicos del Mundo España apoyamos los servicios de atención primaria y dispensarios de Petit Goave.
Antes de contaros lo que estamos haciendo aquí, me gustaría hacer un breve balance de lo que hemos hecho en Puerto Príncipe, donde siguen trabajando los compañeros de Médicos del Mundo Francia, Canadá y Grecia.
Tenemos que entender que la situación en la capital para todas las personas que han perdido sus hogares sigue siendo muy difícil. Miles continúan viviendo en campamentos de personas desplazadas y sus necesidades básicas no se cubren
La coordinación entre actores y agencias es uno de los retos de la emergencia, dada la gran cantidad de organizaciones presentes en la zona. En el clúster de salud hay presentes al menos 150 organizaciones. El sistema de clusters fue implantado por Naciones Unidas en 2005 como forma de coordinación en emergencias y se organiza por sectores (salud, educación, etc…). Intenta ordenar la intervención, pero aún así, no está siendo fácil.
La foto que dejamos atrás en Puerto Príncipe nos revela que la crisis era ya grave antes del terremoto y que éste ha venido a agravarla. Una población que ya vivía al día ha perdido sus recursos y sus medios de vida. Aún así, su fortaleza y paciencia resultan increíbles.
He estado casi tres semanas en la ciudad y no he presenciado ningún problema de seguridad. Con la situación que se vive, es encomiable que se mantenga la calma. Y hemos visitado muchísimos campamentos y en todos ellos nos han recibido de forma muy acogedora. Calculamos que los tres equipos de Médicos del Mundo habremos realizado unas 9.000 consultas y seguimientos en los suburbios de Carrefour Feuilles, Sans fil, Bernard Meuse, Canapé Vert, Delmas 33 y Cité Georges.
La mayoría de los problemas de salud que hemos detectado tenían que ver con condiciones de vida anteriores al seísmo y a la situación de los campamentos. Muchas personas acusan la falta de refugio, el hacinamiento, una higiene muy deficiente y las dificultades para acceder a agua potable.
Cuando concluí mi labor de apoyo a los compañeros franceses, me incorporé a la misión que Médicos del Mundo España había enviado a Petit Goave. Este distrito se encuentra unos 70 kilómetros al oeste de Puerto Príncipe y en la ciudad viven unos 12.000 habitantes.
En la zona estamos facilitando apoyo a los dispensarios rurales y hemos evaluado la situación del hospital para volver a ponerlo en marcha. Para lo primero, estamos visitando los dispensarios situados en las zonas más remotas, ya que se trata de un área montañosa cuyo sistema de salud ya era muy precario antes del terremoto. Además, el seísmo y su impacto en las ciudades han dejado a otras áreas sin recursos sanitarios. Tenemos previsto también poner en marcha un programa de salud materno infantil y salud sexual reproductiva en el área.
Ahora regreso a España, pero tengo previsto volver en unas semanas para formar parte del proyecto que Médicos del Mundo, ya en una segunda fase, que se centrará en la reconstrucción de un sistema de salud con graves carencias antes de la catástrofe.
No es fácil resumir las sensaciones producidas tras cuatro semanas en Haití. Si tuviera que destacar algo sería, como ya he dicho, la fortaleza del pueblo haitiano ante la adversidad. Y la imagen que condensa mejor lo que ha pasado en el país caribeño la reprodujo El País el pasado 5 de febrero:
El hombre desnudo que camina por calles en medio de la devastación producida por el terremoto refleja la vulnerabilidad de todo un país ante la catástrofe, y así coincidimos con Philippe Cottin, fotógrafo voluntario de Médicos del Mundo Francia.
Desde este blog, me gustaría dar las gracias a quienes habéis estado siguiéndolo día tras día y, por supuesto, a todas las personas que nos apoyáis y nos permitís llegar a las personas más vulnerables, no sólo en catástrofes como Haití, también a las que ven vulnerados su derecho a salud y que no siempre viven tan lejos. Muchas veces están en la calle de al lado.
Los últimos días, el acceso a Internet no ha sido muy regular en la zona en la que estamos trabajando ahora. Desde hace unos diez días los equipos de Médicos del Mundo España apoyamos los servicios de atención primaria y dispensarios de Petit Goave.
Antes de contaros lo que estamos haciendo aquí, me gustaría hacer un breve balance de lo que hemos hecho en Puerto Príncipe, donde siguen trabajando los compañeros de Médicos del Mundo Francia, Canadá y Grecia.
Tenemos que entender que la situación en la capital para todas las personas que han perdido sus hogares sigue siendo muy difícil. Miles continúan viviendo en campamentos de personas desplazadas y sus necesidades básicas no se cubren
La coordinación entre actores y agencias es uno de los retos de la emergencia, dada la gran cantidad de organizaciones presentes en la zona. En el clúster de salud hay presentes al menos 150 organizaciones. El sistema de clusters fue implantado por Naciones Unidas en 2005 como forma de coordinación en emergencias y se organiza por sectores (salud, educación, etc…). Intenta ordenar la intervención, pero aún así, no está siendo fácil.
La foto que dejamos atrás en Puerto Príncipe nos revela que la crisis era ya grave antes del terremoto y que éste ha venido a agravarla. Una población que ya vivía al día ha perdido sus recursos y sus medios de vida. Aún así, su fortaleza y paciencia resultan increíbles.
He estado casi tres semanas en la ciudad y no he presenciado ningún problema de seguridad. Con la situación que se vive, es encomiable que se mantenga la calma. Y hemos visitado muchísimos campamentos y en todos ellos nos han recibido de forma muy acogedora. Calculamos que los tres equipos de Médicos del Mundo habremos realizado unas 9.000 consultas y seguimientos en los suburbios de Carrefour Feuilles, Sans fil, Bernard Meuse, Canapé Vert, Delmas 33 y Cité Georges.
La mayoría de los problemas de salud que hemos detectado tenían que ver con condiciones de vida anteriores al seísmo y a la situación de los campamentos. Muchas personas acusan la falta de refugio, el hacinamiento, una higiene muy deficiente y las dificultades para acceder a agua potable.
Cuando concluí mi labor de apoyo a los compañeros franceses, me incorporé a la misión que Médicos del Mundo España había enviado a Petit Goave. Este distrito se encuentra unos 70 kilómetros al oeste de Puerto Príncipe y en la ciudad viven unos 12.000 habitantes.
En la zona estamos facilitando apoyo a los dispensarios rurales y hemos evaluado la situación del hospital para volver a ponerlo en marcha. Para lo primero, estamos visitando los dispensarios situados en las zonas más remotas, ya que se trata de un área montañosa cuyo sistema de salud ya era muy precario antes del terremoto. Además, el seísmo y su impacto en las ciudades han dejado a otras áreas sin recursos sanitarios. Tenemos previsto también poner en marcha un programa de salud materno infantil y salud sexual reproductiva en el área.
Ahora regreso a España, pero tengo previsto volver en unas semanas para formar parte del proyecto que Médicos del Mundo, ya en una segunda fase, que se centrará en la reconstrucción de un sistema de salud con graves carencias antes de la catástrofe.
No es fácil resumir las sensaciones producidas tras cuatro semanas en Haití. Si tuviera que destacar algo sería, como ya he dicho, la fortaleza del pueblo haitiano ante la adversidad. Y la imagen que condensa mejor lo que ha pasado en el país caribeño la reprodujo El País el pasado 5 de febrero:
Cristóbal Manuel / El País | 05-02-2010
El hombre desnudo que camina por calles en medio de la devastación producida por el terremoto refleja la vulnerabilidad de todo un país ante la catástrofe, y así coincidimos con Philippe Cottin, fotógrafo voluntario de Médicos del Mundo Francia.
Desde este blog, me gustaría dar las gracias a quienes habéis estado siguiéndolo día tras día y, por supuesto, a todas las personas que nos apoyáis y nos permitís llegar a las personas más vulnerables, no sólo en catástrofes como Haití, también a las que ven vulnerados su derecho a salud y que no siempre viven tan lejos. Muchas veces están en la calle de al lado.
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